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La importancia de la temperatura

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Pies calientes y cabeza fría. Esta es, probablemente, una las mejores situaciones vitales de las personas, tanto para el confort físico como mental. Y tiene su lógica, al menos en lo que se refiere al estado de nuestros pies. Y es que éstos intervienen de manera determinante en el sistema de termorregulación del cuerpo humano y son, probablemente, la parte del cuerpo sometida a las mayores tensiones térmicas. Los pies fríos son síntoma de incomodidad. Pero, además, los pies deben estar secos. La presencia de humedad en los pies puede afectar al sistema biomecánico y crear problemas higiénicos.

Para conseguir un buen confort térmico, es decir, para mantener nuestros pies calientes y secos, debemos establecer una adecuada temperatura en el interior del calzado, controlar la humedad a través de la capacidad de transpiración del calzado y absorción de los materiales, y asegurar una ventilación correcta del pie en ambientes calurosos a través del efecto de bombeo.

Las plantillas con una baja fricción con el pie y capacidad de absorber y secar el sudor, son las más adecuadas para ello. La suela debe garantizar el aislamiento térmico del suelo en ambientes fríos.

En lo que se refiere al material exterior de nuestro calzado, éste debe poseer una adecuada transpiración y proporcionar un aislamiento térmico adecuado en ambientes fríos. Las pieles, el nobuck y el ante son materiales transpirables que, además, proporcionan aislamiento térmico. Los forros deben ser también transpirables y que se sequen fácil y rápidamente.