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Fuerza y flexibilidad para la comodidad y la seguridad

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El calzado ha de ser flexible. Para ello comprueba que, al levantar la trasera manteniendo firme la parte de delante sobre una superficie lisa, el calzado se flexiona sin dificultad, doblándose por un eje oblicuo de delante hacia atrás y de dentro hacia fuera en la parte más ancha de la suela. Esto facilitará la impulsión al andar y disminuirá la fatiga. El calzado de mujer y el de las personas mayores debe ser más flexible debido a la menor capacidad muscular y el menor tamaño del pie de las mujeres. Los calzados poco flexibles incrementan el riesgo de rozaduras en el talón. Vigila este aspecto aún con más atención si tienes trastornos vasculares o diabetes.

No se recomiendan:

  • Los tacones de más de dos centímetros no son nada aconsejables. Los tacones altos generan una pre-flexión en el pie que afecta al andar, produciendo sobrepresiones excesivas en las cabezas de los metatarsos.
  • Mucha presión en las plantas de los pies no es confortable, y puede ser hasta doloroso. Por eso, tampoco son recomendables las suelas muy finas hechas de materiales rígidos mientras que una altura de tacón de alrededor de 2 centímetros y una plantilla blanda pueden mejorar la distribución de cargas en la planta del pie.
  • Los pies reciben impactos al caminar, los cuales ejercen un efecto negativo en nuestro cuerpo. El calzado puede contribuir a la absorción de los impactos a través del refuerzo y compensación del sistema natural de amortiguación de impactos del pie.
  • Para andar, correr e incluso saltar hay que mantener contacto con el suelo que origina una fricción. El material y la geometría de la suela influyen en la misma. El diseño del dibujo de la suela debe agarrar suficientemente al terreno, así como expulsar los contaminantes.